lunes, 1 de febrero de 2010

Satán, bien visto

A veces sorprende encontrar algunos libros.

Hoy, en mi litúrgica visita a TodoLibros (el 1 de cada mes salvo si es festivo, momento en que mi cuenta corriente abandona sus veleidades comunistas para pasarse al bando populata, quiero decir, que mis números rojos devienen en azul de "saldo"... muy brevemente, eso sí, dura esta excursión matemática al otro lado) me he encontrado, casi por casualidad, justo cuando ya iba a teclear el código de mi tarjeta de crédito, el libro "Breve historia del satanismo" de Joseph McCabe. Ha sido un encuentro afortunado. Sin duda que estábamos destinados a encontrarnos este autor y yo en algún momento de la existencia.

Joseph McCabe (1867-1955). Franciscano arrepentido. O lo que es lo mismo: ateo renacido al mundo de la razón. A los quince años ingresó en la orden fundada por aquel santo italiano que hablaba con los pájaros (el diálogo no se contagió a sus sucesores, como tampoco el "hábito de pobreza") y, tiempo después, tras una fuerte crisis de fe, abandonó el sayo y el sacerdocio, dedicando su enorme capacidad intelectual (al decir de muchos) a combatir las supercherías, la irracionalidad, los dogmatismos y las intolerencias.

Escribió, y ya lo estoy buscando por ahí, Twelve Years in a Monastery con sus experiencias franciscanas, un betseller en la época (1897) que vendió 100.000 ejemplares.

El caso es que la editorial melusina ha editado su "Breve historia del satanismo", un pequeño libro de 134 páginas y formato pequeño, más o menos la mitad que un libro de bolsillo, y que se lee en un pis-pas. Ahora mismo me voy a poner a ello, abriendo un hueco entre las lecturas de este mes.

Me gusta este MacCabe muy especialmente por un detalle: la Iglesia acostumbra a inventarse (literalmente, a inventarse) que en el último momento, a las puertas de la muerte, muchos de los más acérrimos ateos, racionalistas, libertinos y demás librepensadores se habían (re)convertido. Por ejemplo Voltaire, por ejemplo Azaña. Siempre aparecía un cura dispuesto a dar testimonio del hecho, incluso frente a quienes estuvieron con aquellos pensadores hasta el postrer aliento y no recuerdan tal cosa. No sé si será por esta razón, probablemente no, pero el caso es que MacCabe quiso que en el epitafio de su tumba se pusiera:

"Fue un rebelde hasta el último suspiro".

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto último que dices se puede aplicar efectivamente a muchos casos. Yo estaba leyendo hace poco algo parecido con Albert Camus.
Qué guerra de cifras y conversíones tan estúpida...

saludos...

Escéptico dijo...

La primera vez que veo recomendar un libro a alguien antes de leérselo.
¡Es genial!
Enhorabuena por las dotes de predicción y buen gusto.
;D

Anónimo dijo...

¿Dónde, Sr. Escéptico, Don Víctor recomienda un libro?.
Tras varias lecturas del post, no consigo encontrar dicha recomendación. Sí anuncia su compra y su pronta lectura. Rcomendación no encuentro ni leyendo entre línes.
Claro que hay quien comenta un post sin haberlo leído, evidentemente.

Escéptico dijo...

"Ha sido un encuentro afortunado", "su enorme capacidad intelectual", "me gusta este MacCabe"...

No sé si entre líneas... pero no se preocupe que cuando lo lea -caiga o no en el influjo satánico- ya lo hará con líneas exhuberantes.

Por cierto, no sé qué opinará él de que le llame "don Víctor", pero suena a cura totalmente. No sé, no sé...

Víctor Manuel Casco Ruiz dijo...

"Ha sido un encuentro afortunado"

Eefectivamente. Tal y como se dice en el comentario, un encuentro afortunado pues siempre es agradable descubrir a un autor, en este caso ateo, del que se desconocía su existencia.

"su enorme capacidad intelectual" aquí falta algo, la frase entre paréntesis (al decir de muchos). Y ciertamente.

Cuando uno compra un libro en una librería normalmente lo ojea. lee la solapa. Lee la introducción, si la tiene, donde se apuntan datos biográficos del autor.

En mi caso, además, comprado ya el libro, teclea en internet el nombre del autor, lee comentarios, profundiza en su vida, y hasta puede sacar la conclusión de que
"me gusta este MacCabe" (a decir verdad, todo aquel que abandona las creencias y supersticiones religiosas tiene un punto a mi favor, y hasta puede terminar gustándome, pero claro, el gusto es algo subjetivo, personal, de cada cual).

Y ahora que ya he leído el libro, si puedo recomendarlo. Y no, me temo que no sirve para caer en influjos demoníacos... precisamente critica a quienes fomentan esa variante de la superstición cristiana, la creencias en demonios, satanases y fantasmas.

Y ¡lastima! te vas a encontrar con otros comentarios sobre libros que acabo de comprar y aún no me he leído, porque ¡oh sorpresa! tengo por costumbre comprar libros en las librerías... que aún no me he leído, tras ojearlo por encima. Sí, ya sé, una auténtica barbaridad, comprarse libros que no se han leído.

Víctor Manuel Casco Ruiz dijo...

Ah por cierto ¿cómo hay que llamarte? Darwin, Escéptico, Cristiano Ronaldo...? de lo digo porque yo tengo acceso a la IP del ordenador desde donde se me escriben los comentarios.

Gema dijo...

No hay más ciego que el que no quiere ver.

Reconocer errores es igualmente difícil para todos los hombres, ateos racionalistas al mismo nivel que el resto de los mortales, ¿eh?

Cura de humildad. Corrección fraterna. ¿Cómo se dice en agnóstico?

Víctor Manuel Casco Ruiz dijo...

Ah, otro nombrecito. Porque no te pones directamente "cristiano" y me sigues bendiciendo... alma atormentada.

Pensium dijo...

Sí.

Es más ciego el que cree que ve. Trágicamente, no puede reconocer su ceguera.

Como nombrecitos hay infinitos, pues me puede llamar 192.168.1.114 si quiere. Eso hoy, porque la IP fija es muy cara.

¿De verdad le importa? Y, ¿por qué?
¿Y por qué no el de Anónimo#1 y Anónimo#3?