jueves, 14 de enero de 2010

Perpetrar un engaño

"Comprender que la Iglesia no tuvo siempre un Nuevo Testamento es algo que para la mayoría de las personas resulta un tanto inquietante, pero lo cierto es que las Escrituras cristianas no descendieron del cielo pocos años después de la muerte de Jesús. Los libros que finalmente serían incluidos en el canon sagrado fueron escritos por diversos autores a lo largo de un período de sesenta o setenta años, en diferentes lugares y para diferentes auditorios. Otros libros fueron escritos durante el mismo período".

La frase es una cita del capítulo "La invención de las Escrituras: la formación del Nuevo Testamento proto-ortodoxo", presente en el excelente libro "Cristianismos perdidos. Los credos proscritos del Nuevo Testamento" de Bart D. Ehrman, reputada autoridad en el estudio y conocimiento de la Iglesia primitiva y sus múltiples grupos.

Pero hay algo en lo que Ehrman, cuyo recomendable estudio acaba de reeditarse (ediciones Ares y Mares de Editorial Crítica), se equivoca: la mayoría de las personas creyentes no se van a inquietar por eso, porque la mayoría de las personas creyentes lo ignoran todo sobre su propia fe, su constitución, su historia, su análisis crítico y, por supuesto, sobre cualquier cosa que pueda poner en entredicho su creencia a prueba de argumentos.

Una encuesta que se hiciese a las puertas de una Iglesia sobre distintos aspectos del cristianismo sorprendería por sus resultados. No es ya que ignoren por completo que existen otros evangelios (aquí en España contamos con la maravillosa traducción, por cierto, de Piñero en "Todos los Evangelios", canónicos y apócrifos), es que probablemente ni siquiera se han leído los oficiales.

Las tres religiones monoteístas sustentan sus ficciones en que sus Libros Sagrados son autoría de su dios (bien directamente, como en el caso de el Corán, bien por inspiración divina como en el caso de la Biblia judía y cristiana) y que, pese a sus muchísimas contradicciones internas y errores, son "perfectos". Que la Biblia se escribiese a lo largo de siglos y que responda a distintas y divergentes tradiciones, o que el Corán se elaborase (mejor dicho, se inventase) en tiempos del cuarto Califa Perfecto, que además contengan interpolaciones, falsificaciones, adaptaciones de otros mitos... nada de eso importa.

La Iglesia fundamenta su estructura en una interpretación sesgada, autoritaria, acrítica, dogmática y esencialmente tergiversadora de sus libros divinos. Que sus adeptos no tengan mayor interés por los mismos, que los lean poco o que no tengan mayor interés por las reflexiones historicistas o críticas que se han desarrollado desde el siglo XVIII contribuye a mantener intacto su edificio. Perpetrar el engaño es esencial para mantener sus privilegios.

18 comentarios:

Angelillo dijo...

Pues sí, el libro de cristianismos perdidos es una auténtica maravilla. Está en la biblioteca pública, no?

Hay una cosa que discrepo, sin embargo. Es completamente lógico que la iglesia haya rechazado las tesis de muchos textos apócrifos. Unos por ser chascarrillos. Otros por ser sencillamente una versión del politeísmo en su corte más neoplatónico(todos los evangelios y escritos gnósticos). Independientemente de si han sido inspirados o no por Dios o quien sea, está claro que la elección del canon del nuevo testamento tiene cierta coherencia interna.

Pero, como deja claro el libro, la historia se pudo haber escrito de otra forma, si Marción se hubiera impuesto por ejemplo, o si no hubieran aparecido teólogos de la categoría de San Agustín (que, lo reconozco, me encanta y me parece en algunos aspectos una auténtica revolución intelectual).

en fin, un saludo...

(Me llama la atención nuestras afinidades librescas y cinematográficas, por cierto...)

Valdomicer dijo...

Victor:
Tienes que invitar a este muchacho a una de nuestras sesiones en el blasfemarium.

Víctor Manuel Casco Ruiz dijo...

La verdad es que una lectura sosegada del canom oficial rebela bastantes contradicciones internas, por ejemplo, entre los tres evangelios sinópticos y el que se atribuye a Juan, que parece, en ocasiones, estar hablando de un dios y un Jesús completamente distinto.

Y entre los tres sinópticos se observan otros errores, el más conocido de ellos las dos genealogías completamente distintas de Jesús y que ambos evangelios hacen descender de... José... que en teoría no intervino en la procreación del hijo de dios.

Angelillo dijo...

Efectivamente, el evangelio de Juan es el más polémico, y el más helenizante, con un lenguaje simbólico más cercano a la filosofía griega, pero sin llegar a caer en el gnosticismo. Pero precisamente, así se consiguió alcanzar grupos de gentes a los que los otros evangelios provenientes de la fuente Q no podía llegar. Naturalmente, Mateo es el más projudaico (con la genealogía de Jesús que le hace proceder de la estirpe de David, ni más ni menos), y toda su inspiración le conduce a proclamar siempre a Jesús como consumación de las escrituras. Marcos es el más "histórico" y milagrero (son realmente los hechos de la vida de Jesús), y Lucas, el más elegante y también de inspiración más griega.
Y por supuesto, resulta inclasificable el portentoso Apocalipsis de Juan, que si no recuerdo mal, es un Juan distinto al del evangelio.

Aún así, el abismo que separa estos evangelios del canon gnóstico es teológicamente tan grande que su exclusión era lógica caso de ser yo el Tertuliano o Agustín de turno. Vamos, que los gnósticos compaginan mejor con un Jámblico que con Jesús.

Por cierto, que la mejor forma de acceder a los apócrifos es desde la propia página del Vaticano!

Víctor Manuel Casco Ruiz dijo...

El Evangelio de Juan estuvo a punto de no ser incluido en el canón, precisamente por su inspiración casi gnóstica.

Para los apócrifos, yo prefiero la actual versión de Piñero y su equipo, que han traducido directamente del griego todos los evangelios, apócrificos y canónicos, lso gnósticos y los que no lo son. ("Todos los Evangelios". Edición de Antonio Piñero. Editorial Edaf).

Y los cuatro Evangelios, escritos en èpocas distintas, respondían a las distintas controversias presentes en el cristianismo mal llamado ortodoxo. Cada grupo fabricó un evangelio a medida.

Víctor Manuel Casco Ruiz dijo...

POr cierto, ¿tienes ese enlace a los apócrifos en la página del Vaticano? Me interesa mucho.

Un saludo

Angelillo dijo...

Pues claro que se hacen los evangelios a su medida! Y lo que te respondería un cristiano ecumenista: y qué problema hay en ello?

sobre el enlace, lo consulté con mi mujer, que ha estudiado... teología!! (no te rías, vil mente atea descarriada, je je) En cuanto pueda, se lo pregunto. viendo tu mensaje, lo he estado buscando ahora por mis propios medios, y si te soy sincero, ahora no lo encuentro!!!

Por cierto que la recopilación de la que hablas es muy interesante, también la he consultado alguna vez.

Víctor Manuel Casco Ruiz dijo...

En general, tienes razón, a un cristiano le preocupa más bien poco eso. En boca de la misma persona he escuchado decir que la Biblia está inspirada por dios directamente y luego añadir, respecto a los errores que contiene, que eso se debe a que es fruto de los hombres, que se quedaron deslumbrados por la luz celestial. Todo en uno.

POr cierto, que hay apócrifos en el Nuevo Testamento, pero también existen en el Antiguo, menos conocidos, por desgracia. Yo solo he conseguido uno: "Vida de Adan y Eva fuera del paraiso".

Valdomicer dijo...

Victor: El éxito de la iglesia U.S.C.A.R. se basa precisamente en eso: Los éxitos son obra de su dios y los fracasos, humanos. Los aciertos, divinos. Los errores, humanos.

Angelillo dijo...

Seamos serios y digamos las cosas por su nombre: toda ideología o cosmovisión, religiosa o laica, conservadora o progresista, tiene una dinámica teológica (o teleológica, como queramos llamarlo). Quiten la palabra Dios y pongan fe en la autodeterminación nacional, el libre mercado o en la sociedad sin clases o la madre Gaia. Si nos ponemos negativos e hipercríticos, todo está emponzoñado: la creencia en algo conlleva la fe en que a lo largo de la historia las cosas van a ser de la forma que nosotros deseamos. y esa fe conlleva, en muchas ocasiones, el fanatismo y la intolerancia. Y finalmente, veremos intereses creados por todas partes, sustentadores de esa supuesta fe altruista.

y luego, hay una cosa que, de verdad, no entiendo en los laicistas: tenéis una supuesta superioridad moral y condescendencia hacia vuestro contrario que... joder!... pero es que hay alguien realmente libre de prejuicios? es que nunca han pensado que la utopía ilustrada puede estar tan agotada como la religiosa?
Naturalmente, no se os puede atacar desde este punto, porque sencillamente... os mueve la fe en la ciencia. como dije en otra ocasión, la verdad (científica) tal vez no nos haga tan libres como pensamos. Y la razón ilustrada no siempre puede controlar los avances de la ciencia. Quien diga lo contrario... está exponiendo una fe que puede incitar a la sonrisa malintencionada.

un saludete para los blasfemos!!!

Víctor Manuel Casco Ruiz dijo...

No veo porque hay que ser teleológico: no me considero en este mundo con ningún fin concreto. Y no tenerlo, no me impide disfrutar de mi vida.

Siempre me molesta esa tendencia religiosa de prentender que los demás somos como ellos: no, sois ateos, pero en el fondo creéis en ésto, tenéis fe... es la necesidad de algunas personas de llegar a la consideración de que los demás son como ellos.

En mi caso, no pertenezco a ninguna creencia laica o religiosa que se ponga por encima de mi individualidad. Es más, soy fuertemente individualista. Me niego a que me metan en un saco donde ponga "católico" o "ateo de".

Yo soy Víctor Manuel Casco Ruiz. Simplemente. Y con las siguientes características que forman parte de sus ideas y necesita que otros las comparta:

- ateo y hedonista.

Por supuesto soy un ser "amoral". Yo no tengo ninguna moralidad superior sencillamente porque no tengo moral.

Solo un principio ético:

"Gozar y hacer gozar, sin sufrir y sin hacer sufrir".

Se formuló en el siglo XVIII y la Ilustración es uno de los fenómenos más variados, ricos y plurales de la historia de la Humanidad.

¿En qué puedo creer?

- Creo en la filosofía.
- Creo en la ciencia.

Y ninguna de esas creencias pienso impinérselas a los demás. Y mi creencia en la ciencia me permite creer que el Sol convierte el hidrógeno en helio, pero si mañana me demuestran lo contrario, aceptar una nueva visión del Sol.

En otras palabras, nunca me he arrodillado ante un cuadro de Newton para cantar:

"Creo en la Ley de la Gravedad y en una sola Ciencia, Santa, Universal e Inglesa".

Sigo sin comprender ese rechazo que tienes al laicismo:

¿Exáctamente cual es el problema en pensar que un Estado debe ser neutral ante las manifestaciones religiosas de sus habitantes?

Víctor Manuel Casco Ruiz dijo...

"necesita que otros las comparta"

Esta fras ese debe leer como "Y no necesita que otros las comparta".

Es decir, que si mi apostolado ateo fracasa no me voy a amargar. Un cristiano se siente desamparado ante un no creyente porque entiende que le está fallando a dios, perdiéndose un alma para la colección de Yavhvé. Como yo no tengo ningún fiscalizador supremo, no lograr más ateos no me quita el sueño.

Angelillo dijo...

Hmmm... Aquí hay temas que quedaron en el tintero en su día. Sí, yo también me considero bastante individualista (partiendo que el individualismo se aprende en una comunidad, en una cultura) y liberal (no desde el ámbito económico, que es una cuestión más complicada, sino político). Y quizás, con los años, bastante más escéptico y sumamente relativista. Una mezcla de las tres cosas.

Y sí, tienes razón: el individuo se puede dar sus propios valores y afrotar el vacío nihilista apelando al disfrute de la vida y a reconocer su finitud, sin ningún achaque moral en su conciencia. Pues claro que sí. Y es legítimo, y quizás muy sano. Por qué no? Allá cada cual.

Como liberal, defiendo la neutralidad del estado en materia religiosa. Pero también defiendo la intervención del estado (o no intervención) para garantizar un máximo de autonomía y libertad de los individuos, e incluso, el apoyo a culturas y minorías religiosas (o de género, o las que se te ocurran) más conflictivas con la mayoría cultural dominante. En definitiva, la de crear la sociedad civil más rica posible. Esta es una perspectiva algo multiculturalista, quizás ingenua, pero es lo que creo. Supongo que hasta ahí también estamos de acuerdo.

El laicista entiende la religión como un elemento negativo para la vida pública y pretende reducirla a un ámbito privado: el interior de una iglesia o el interior de un templo. sin embargo la distinción público y privado a veces es complicado.
Yo creo, sin embargo, que cualquier manifestación cultural es respetable, siempre que esté de acuerdo con un código democrático mínimo, aún cuando se llegue a rozar actitudes de desagrado. Más aún: cuantas más, mejor.
Hay ambientes públicos que además son complicados. Por ejemplo: estaría un laicista en contra de capillas en hospitales, aeropuertos, colegios, en muchas ocasiones lugares ecuménicos? se estaría en contra que en las habitaciones de un hospital hubiera un crucifijo en el cabecero de una cama, si un enfermo lo deseara? Por qué te tiene que ofender en definitiva, un lugar de oración en mitad de una calle, como aparecía en tu blog. Nos puede parecer ridículo (e incómodo), pero si un sector de la sociedad lo reclama, dónde está el problema? Por qué se escandaliza un laicista? Se cree en una posición moral y epistemológica mejor? (Y si además, se realiza en un contexto ecuménico, donde todas las manifestaciones religosas pueden expresarse, me parece un fantástico ejemplo de tolerancia religiosa).

Ya sé que la realidad española es la de una jerarquía eclesiástica que lucha con dientes y garras por mantener sus últimos privilegios de una relación excepcional que tuvo con la anterior forma de estado. Es su canto de cisne. Pero en ningún modo me parece un avance un estado laico que considera cualquier expresión religiosa como algo negativo epistemológicamente, como producto de la superstición o como forma de evasiones y represiones varias. El que yo pueda pensarlo, no significa nada para los derechos de esos individuos. Quizás se puede pensar que los religiosos exageran este ataque (o que es recíproco dicho ataque), pero no se puede negar una corriente anticlerical que también ha causado muchos malentendidos en la historia de España.

Quizás nuestras diferencias en términos técnicos y pedantorros es (no sé), que tu liberalismo es más utilitarista, hedonista e individualista. Más Diógenes, más libertario. El mío es, como decía, más comunitarista, más multicultural. Supongo que dependerá de las experiencias vitales...

En fin, seguiremos desbarrando.

Saludos...

Víctor Manuel Casco Ruiz dijo...

En el desbarre te doy toda la razón: mi hedonismo, mi liberalismo es más cercano a Epicuro, a Gassendi, a Diógenes el Cínico o a Lucrecio. Podríamos decir que yo me adscribo a esa corriente más libertina que liberal.

Coincido contigo en buena parte de la primera parte del texto.

Y ahora vamos al laicismo:

Aquí hay varias cosas: yo soy laicista, pero también ateo y reconozco que bastante anticlerical. Eso hace que una persona pueda ver mis argumentos y mezclaros todos.

Apreciaciones:

- Como ateo y como anticlerical me encantaría vivir en una sociedad atea. Es decir, en un mundo donde todos los individuos son ateos por convicción personal.

- Pero como laicista jamás aceptaría vivir en un "Estado ateo".

Son dos cosas distintas.

Un laicista no rechaza que una religión tenga manifestaciones públicas. LO único que rechaza es que el Estado se identifique con cualquier de esas manifestaciones públicas o privadas de fe.

Por ejemplo:

- Como Estado debe respetar el derecho de los católicos a ir celebrar procesiones, o que un enfermo en un Hospital reciba asistencia religiosa.

- Pero el Estado lo que no puede hacer es desfilar como tal en esas procesiones, con sus "autoridades" en ejercicio (es decir, con emblemas, con bastones de mando, con banderas oficiales) en primera fila en su calidad, precisamente, de autoridades. Ej: en Cáceres no es que Carmen Heras vaya a las procesiones. Quien va, y va como tal, es El Alcalde de la Ciudad (quien sea en ese momento).

- ¿Cómo pueden convivir en un Estado distintas opciones confesionales (religiosas o ateas): respetando que en los espacios públicos todos tengamos los mismos derechos y no se imponga a nadie nuestros credos.

- Ejemplo del Hostpital: ¿por qué una sala sólo para católicos? ¿Y los evangelistas? ¿Y los musulmanes?...

- Ejemplo: en una habitación de un hospital van a pasar enfermos de una y otra confesión. ¿Por qué los no católicos deben reposar con un crucifijo sobre la cama? ¿Debemos preguntar a cada enfermo su creencia - lo que sería inconstitucional - y entonces no dedicamos a poner cruces, o budas, o estrellas de salomón. He observado que los católicos que van a un hospital se llevan su estampita, sus vírgenes, sus rosarios y cuando salen de ese hospital se llevan lo que han aportado. Esa parece una buena solución. ¿Por qué añadir un crucifijo estable que identifica esa sala como católica al margen de los que la habiten temporalmente?

Y aquí llegamos a una gran cuestión que yo te planteo:

¿Por qué hay crucifijos en esucelas públicas, en hospitales públicos, en consistorios...?

Son reminiscencias de un pasado. De una idea: que España era una nación católica. Representa eso. La catolicidad de España. La inseparable unidad entre lo español y lo católico.

Es más, el propio Catecismo de la Iglesia Católica aclara que hacer visibles sus símbolos religiosos en espacios públicos, es decir, fundiendo su simbología con ese mismo espacio público, como si una cosa no pudiera ser independiente de la otra, es un acto de Apología y Visibilidad de que todo lo Humano ha de someterse a Dios. Que Dios debe estar por encima de todo. Que Dios es el fundamento de una Sociedad. De un Estado.

- Nota:

El laicista que soy no rechaza que un evangelista en EEUU se arrodille ante un altar improvisado... siempre y cuando cualquier otra confesión lo pueda hacer igual (y me parece que no es el caso) y dicho altar no sea construido por el Estado.

Ahora bien: el seguidor de Diógenes, el libertino, el hedonista, el nietzcheniano, el ateo en suma, no puede evitar burlase o por mejor decir, desacralizar ese acto.

Angelillo dijo...

Víctor, eres un auténtico bicho. Te gusta la polémica como a ninguno. Eres el Celso del siglo XXI. Lo digo por el debate encendídisimo que tienes en el otro blog, y que veo como espectador.

bueno, a lo que íbamos. Mira, incluso siendo laicista, hay que partir de la realidad presente. Cualquier ideología política debe enfrentarse en el terreno con la complejidad cultural que le rodea.
La gente tiene derecho a mantener sus tradiciones, y a sentirse representada por el estado. De la misma forma que se considera que una representación de dicho estado debe estar en un acontecimiento deportivo o cultural trascendente, también puede estarlo en una ceremonia religiosa. Es cierto que muchos rituales políticos cuentan con dosis religiosas prescindibles, y que resultan anacrónicas. Pero, el ejemplo que ponías de las procesiones, por qué no? Qué daño hace? Como los diplomáticos, los políticos a ese nivel de actuación están por encima de su consideración del problema. Un alcalde ateo o laico puede ir (y quizás debe ir) a una representación religiosa, en cuanto cargo público, y en cuanto representante de una sociedad culturalmente compleja. Ese sector, cristiano, musulmán, homosexual o lo que sea, tiene derecho a ser representado por dicho poder público. Charles Taylor lo planteaba como "políticas de reconocimiento" (hablaba aquí del Quebec, pero también de la minoría católica canadiense). Y cualquier elemento cultural identitario (religión, nacionalidades y minorías culturales en definitiva) tienen derecho a ser reconocido en la sociedad. No todo se puede resolver en un individualismo libertario. Sencillamente, hay que aceptar que la inmensa mayoría de la población no quiere seguir ese camino, se siente demasiado vacía.

Como decía, esta política contiene muchas ingenuidades y fuerzas centrífugas que tienden a romper la cohesión social, pero no se me ocurre otra alternativa Puede ser la igualdad jacobina? El cara al Sol? Sociedad sin clases? Demasiado pronto para un gobierno global o una ciudadanía europea fuerte, por desgracia, y demasiado tarde para un estado nación decadente y debilitado.

Saludos...

Víctor Manuel Casco Ruiz dijo...

Gracias por el elogio.

¡Ah Celso! Lástima que los cristianos (¡no puedo evitar la polémica!) persiguieran con tanta saña su obra. Tener que leer a Celso a través de Orígenes es una doble tortura.

Bien, me dices: "políticas de reconocimiento"

¿Y qué hacemos con ese grupo incómodo que somos los ateos? ¿Y los agnósticos? Es más, como se me representa a mí institucionalmente, que soy anticlerical y blasfemo.

Tu propuesta es perfectamente válidad en una sociedad donde todos sus habitantes creen en alguna forma de deidad y tienen rituales. Pero en una sociedad como la nuestra puede discriminar completamente a quienes carecen de deidad, situándolos en un segundo plano, es más, haciéndolos invisibles.

Cuando un alcalde va a una procesión religiosa parece estar diciendo que ese acto tiene dignidad y derecho de ser representado, frente al resto de no creencias, que no merecen tal honor de contar con un representante del Estado.

En todo caso, y pudiendo aceptar una sociedad donde un Alcalde fuera a una procesión, a una oración islámica del viernes, a una meditación budista, a una tenida masónica y para darnos satisfacción a los ateos gritar en la plaza mayor un día a la semana ¡dios a muerto! (yo con eso me conformo) en nuestro país no se da este caso, porque amigo Ángel, seguro que no habrás olvidado que en España LAS ÚNICAS CEREMONIAS RELIGIOSAS A LAS QUE SE ASISTE EN CALIDAD DE REPRESENTANTE DEL ESTADO SON CATÓLICAS. Y también los únicos símbolos religiosos en edificios públicos, son católicos.

Víctor Manuel Casco Ruiz dijo...

Adenda:

La idea de la política de representación es sugestiva. Podría aceptarla sin problemas... siempre y cuando, claro, se representara a todos, y no solo, como es en este caso, a un grupo privilegiado.

La fórmula podría ser: o todos (política de representación) o ninguno (laicismo francés, que asume que es imposible representar en la práctica a todos y prefiere no denigrar a ninguno).

Angelillo dijo...

Natuurlijk. La política de reconocimiento implica que todos los grupos deben estar representados. Precisamente el que menos representación estatal de emergencia es el grupo dominante en la sociedad, que tiene, como bien dices, una fuerte herencia cultural cristiana y repercute en los actos públicos. en este conflicto la iglesia en España tiene mucho que perder y poco -aparentemente- que ganar. Ese poco que ganaría sería una humildad y mayor autenticidad con su propio mensaje. La gran diferencia en la iglesia católica estadounidense y la española es que la primera se sabe minoría. Habla a su comunidad en primer lugar, y después al resto del país. aquí al contrario.