domingo, 15 de noviembre de 2009

¡Que lo paguen ellos!

El Papa "de los pobres" disfruta de su volvo

50 millones de euros va a regalar a la Iglesia el Estado Español para sufragar la visita del jefe de los católicos a nuestro país en 2010. Mejor dicho, 50 millones de euros van a salir de nuestros bolsillos, de tu bolsillo, de mi bolsillo...

La "Iglesia de los pobres" parece que sale muy cara a las arcas públicas. El Papa no parece tener ningún interés por comportarse con una cierta austeridad, al menos, en estos tiempos de crisis. Tampoco es que a mí me importe mucho: uno se gasta su dinero en los vicios que quiera. El problema es que voy a ser yo el que pague una parte de los vicios de los católicos españoles. Y ahí estamos hablando ya de otra cosa.
Ya se han creado varios grupos en las redes contra dicha visita y empiezan a movilizarse la gente. Yo por mi parte se lo digo claro al gobierno: ¡NO CON MIS IMPUESTOS!

domingo, 8 de noviembre de 2009

¡Que venga Torquemada!

Los jerarcas de la Iglesia Católica están que trinan a cuenta de la reciente sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que, en atención a la libertad de conciencia y de la separación Iglesias / Estado obliga al Estado Italiano a retirar de todos los colegios públicos el crucifijo que se puso allí por cuenta del Concordato firmado entre el Vaticano y Mussolini por el cual el catolicismo se convertía en religión de estado.

Dicen los obispos españoles por boca de Camino que la sentencia es "injusta y discriminatoria", que "el crucifijo es un símbolo de respeto a la dignidad de la persona (sic) desde su nacimiento hasta su muerte" y que es "iluso pensar que en el ámbito público no puedan existir símbolos".

¿Caben más gilipolleces en un mismo discurso? Resulta bochornoso que para defender sus posiciones (desde mi punto de vista totalitarias) la Iglesia tenga que recurrir a semejantes argumentos, basados casi todos ellos en la más pura de las mentiras.

Debe resultar ahora que tratar a todas las confesiones por igual es "injusto y discriminatorio". A lo mejor lo justo consiste en privilegiar el símbolo en exclusiva de los católicos y que todos los que no comulgamos con el mismo nos lo tengamos que tragar hasta en la sopa. Pero esa concepción no me sorprende: es como los comentarios del troll católico que ahora me visita en esta web y que está empeñado en que yo soy católico ¡quiera o no quiera!, así, por cojones, porque sí, porque lo dicen ellos.

Desde luego que es iluso pensar que no existan símbolos en los espacios públicos: suelen existir, por ejemplo, símbolos que identifican al Estado, como sus banderas. Pero lo que es inadmisible es que el símbolo de una confesión que no es estatal por mucho que se empeñen esté identificándonos a todos.

Pero la mayor barbaridad, la mayor mentira, la mayor ignominia es decir que el crucifijo es un símbolo de libertad o humanista o de respeto a la dignidad humana. ¿Acaso hay que olvidarse de Torquemada, de la Inquisición, de la hoguera, de las guerras de religión? Hasta hace treinta años ese crucifijo estuvo amparando y defendiendo un régimen genocida y asesino en España. Lo mismo hizo en Chile con Pinochet. Y en Honduras apoyan un golpe de estado. La historia demuestra una y otra vez como en nombre de ese símbolo se ha asesinado contínuamente. Pero claro, la propia Iglesia, fruto de una mentira mantenida en el tiempo, no va a andarse por las ramas a la hora de mantener un mínimo de rigor histórico.

Pero además ¿en qué momento hemos votado que el crucifijo es un símbolo humanista más allá de sus connotaciones religiosas? ¿Cuándo lo hemos decidido? ¿Acaso ellos deben elegir por nosotros qué ha de representarnos?

En fin. Menos mal que Estrasburgo empieza a poner las cosas en su sitio.

martes, 3 de noviembre de 2009

Ágora

Mi último artículo publicado en Avuelapluma:

Hace unos días estuve viendo la nueva película de Alejandro Amenábar, Ágora, que trata sobre la vida y muerte de Hypatia de Alejandría, una filósofa, astrónoma y matemática del siglo IV cuyo trágico final - fue asesinada por un grupo de parabolanos cristianos – simbolizaría (al decir de los ilustrados del siglo XVIII) la entrada en una nueva época de fanatismo religioso, de crímenes contra el saber e intolerancia, de tránsito, en fin, a la edad media.

A mi la película me entusiasmó. Como toda película tiene sus incondicionales y sus detractores, pero, tratándose en esta ocasión de un film crítico con el mundo intolerante de las religiones las críticas están alcanzando un nivel desproporcionado: hay grupos a los que no les gusta que les afeen su pasado, que prefieren esa historia edulcorada por Hollywood de protohippies en el siglo IV repartiendo amor y libertando esclavos (véase, por ejemplo, Quo Vadis). Nada más lejos de la realidad. La esclavitud siguió coexistiendo con el cristianismo durante siglos y los muy católicos reinos de Portugal y España traficaron con esclavos durante buena parte de la modernidad.

Desde luego que Ágora contiene errores e imprecisiones históricas, pero quien quiera conocer algo de historia, que lea un libro. Yo cuando voy al cine, pretendo disfrutar, no recibir una lección magistral. En todo caso, si la película de Amenábar nos puede permitir reflexionar sobre las distintas formas de intolerancia y las luchas de poder que entonces – siglo IV- y hoy se siguen dando, bienvenida sea. Buen cine, con argumentos, frente a un panorama dominado por grandes superproducciones donde abundan las tramas infantiloides, planas e intrascendentes.

Y fascinante también el tránsito de la antigüedad a la edad media. Los sabios helenísticos habían escudriñado los cielos para comprender mejor el universo, algunos incluso defendían el heliocentrismo, midieron el tamaño de la tierra, demostraban la esferidad de ésta, perfeccionaban las matemáticas y empezaban a construir ingenios tecnológicos. Pero todos los pergaminos que contenían estas mismas teorías serían barridos posteriormente, desapareciendo en destrucciones directas o por olvido.

Hypatia no fue la única mujer brillante, o de la que tengamos memoria, en esos siglos. Aquí hay que citar a Safo de Lesbos, Aspasia de Mileto, Sosípatra o Asclepigenia de Atenas. Pero lo cierto es que Hypatia no quiso someterse al obispo Cirilo y éste terminó por orquestar su muerte. Fue arrastrada desnuda por las calles de Alejandría una noche, para morir, desgarrada por conchas afiladas o tejas en manos de los parabolanos en la iglesia de Cesarion. La larga noche del cristianismo había comenzado. La Biblioteca sería destruida. Las Escuelas Filosóficas cerradas. Los científicos callados o asesinados. Los templos paganos derribados por orden de Teodosio. El saber de la antigüedad condenado. Hoy apenas conservamos un 10% de todo lo que se produjo entonces.