domingo, 8 de noviembre de 2009

¡Que venga Torquemada!

Los jerarcas de la Iglesia Católica están que trinan a cuenta de la reciente sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que, en atención a la libertad de conciencia y de la separación Iglesias / Estado obliga al Estado Italiano a retirar de todos los colegios públicos el crucifijo que se puso allí por cuenta del Concordato firmado entre el Vaticano y Mussolini por el cual el catolicismo se convertía en religión de estado.

Dicen los obispos españoles por boca de Camino que la sentencia es "injusta y discriminatoria", que "el crucifijo es un símbolo de respeto a la dignidad de la persona (sic) desde su nacimiento hasta su muerte" y que es "iluso pensar que en el ámbito público no puedan existir símbolos".

¿Caben más gilipolleces en un mismo discurso? Resulta bochornoso que para defender sus posiciones (desde mi punto de vista totalitarias) la Iglesia tenga que recurrir a semejantes argumentos, basados casi todos ellos en la más pura de las mentiras.

Debe resultar ahora que tratar a todas las confesiones por igual es "injusto y discriminatorio". A lo mejor lo justo consiste en privilegiar el símbolo en exclusiva de los católicos y que todos los que no comulgamos con el mismo nos lo tengamos que tragar hasta en la sopa. Pero esa concepción no me sorprende: es como los comentarios del troll católico que ahora me visita en esta web y que está empeñado en que yo soy católico ¡quiera o no quiera!, así, por cojones, porque sí, porque lo dicen ellos.

Desde luego que es iluso pensar que no existan símbolos en los espacios públicos: suelen existir, por ejemplo, símbolos que identifican al Estado, como sus banderas. Pero lo que es inadmisible es que el símbolo de una confesión que no es estatal por mucho que se empeñen esté identificándonos a todos.

Pero la mayor barbaridad, la mayor mentira, la mayor ignominia es decir que el crucifijo es un símbolo de libertad o humanista o de respeto a la dignidad humana. ¿Acaso hay que olvidarse de Torquemada, de la Inquisición, de la hoguera, de las guerras de religión? Hasta hace treinta años ese crucifijo estuvo amparando y defendiendo un régimen genocida y asesino en España. Lo mismo hizo en Chile con Pinochet. Y en Honduras apoyan un golpe de estado. La historia demuestra una y otra vez como en nombre de ese símbolo se ha asesinado contínuamente. Pero claro, la propia Iglesia, fruto de una mentira mantenida en el tiempo, no va a andarse por las ramas a la hora de mantener un mínimo de rigor histórico.

Pero además ¿en qué momento hemos votado que el crucifijo es un símbolo humanista más allá de sus connotaciones religiosas? ¿Cuándo lo hemos decidido? ¿Acaso ellos deben elegir por nosotros qué ha de representarnos?

En fin. Menos mal que Estrasburgo empieza a poner las cosas en su sitio.

3 comentarios:

María Magdalena dijo...

¿Desde cuándo exhibir el cadáver de un ajusticiado es un símbolo de respeto a la dignidad de la persona?

micky dijo...

Aunque por motivos personales no me gustan los jueces, en esta ocasión brindo por el Tribunal de Estrasburgo, por echarle un par de cojones y colocar a los simbolos religiosos que estan en locales publicos, en el lugar que les corresponden en ellos, es decir la inexistencia, a ver si asi nos vamos olvidando poco a poco de esta mierda y que para mi es un autentico cáncer de nuestra sociedad llamada religion.

Alex dijo...

Si soy libre puedo amar, soy tolerante y no necesito descalificar, porque el temor desaparece y no hay amenaza.