lunes, 25 de mayo de 2009

Y vino la Iglesia

Aborto obligatorio, píldora poscoital al alcance de los parvularios, eutanasia para todos a partir de los 60… escuchando uno los argumentos que desde algunos sectores se lanzan estos días contra las tímidas medidas llevadas a cabo por nuestro gobierno, que alterna - por aquello de poner una vela a dios y otra al diablo – con importantes desembolsos económicos a favor de la Iglesia, se entiende que haya gente exasperada y aterrada con lo que se nos viene encima.

Y sin embargo no hay para tanto. De sobra es conocida la afición de algunos grupos cristianos – como los Testigos de Jehová sin ir más lejos – por el fin del mundo, el Armageddon bíblico, el Juicio Final. Dicen los Testigos que el fin de los días está próximo (nada más y nada menos que desde 1914). Las pruebas: hay terremotos, hay guerras, hay enfermedades como ya predijera la Biblia. Que siempre haya habido terremotos, guerras y enfermedades a lo largo de la historia es, a lo que parece, un detalle sin importancia. En el siglo I los primeros cristianos anunciaban el fin del mundo para ya entonces. En la edad media seguirían haciéndolo y a medida que transcurren los días y los años, tan agradable acontecimiento que nos tiene preparado dios por amor al hombre, pues se posterga. Siempre es el fin del mundo.

Y escuchando a algunos comentaristas, estamos muy próximos a él gracias a Zapatero. Dicen que abortar a los 16 sin consentimiento de los padres es una barbaridad. ¿Y tener un hijo con 16 años por obligación de los padres no lo es? Una fórmula para evitar el aborto, es mantener relaciones sexuales sanas y con métodos anticonceptivos, pero claro, los mismos que cierran la puerta al aborto, también la cierran a los condones, la píldora poscoital y a cualquier otro método. Abstinencia y virginidad hasta aburrirse. ¿Qué usted no es católico? No importa, obligado a vivir como si lo fuera.

Decía hace poco mi amigo Gustavo – y en referencia a la posición de la derecha en todo este debate – que es curioso como se comportan estos liberales. ¡Libertad absoluta de mercancías para esquilmar al sur! ¡Nada de intervención del Estado en la economía! Y sin embargo, limitaciones al libre tránsito de los ciudadanos entre países y en materia de moral, de lo más íntimo de uno mismo, de la propia libertad individual, obligaciones e imposiciones. Ahí, y solo ahí, debe intervenir el Estado, según se deduce de sus declaraciones. De “a vivir como dios manda” podemos pasar a “vivir como el PP manda”.

En fin. El teólogo Alfred Loisy, autor de “El Evangelio y la Iglesia” (obra condenada por el decreto Lamentabili de Pío X) escribió una vez: “Jesús predicó el Reino de Dios y vino la Iglesia”. Cuánta razón, cuánta razón.

Publicado en el semanario cacereño "Avuelapluma"