domingo, 31 de mayo de 2009

Braguetas ajenas

"Que los obispos dejen en paz las braguetas ajenas y se preocupen de las propias".

La frase la pronunció ayer el lider de IU, Cayo Lara, en un mitin en Cádiz. Y tiene toda la razón: en nuestro país aquellos que viven de la manera más antinatural del mundo - ¡qué hay más antinatural que el celibato! - pretenden darnos lecciones de moral.

¿Por qué los casos de pederastia se ceban en la Iglesia católica? Porque es una de las pocas sectas religiosas que obligan a sus oficiantes a vivir contra la naturaleza, es decir, dar las espalda a algo tan bello y tan placentero como el sexo... y cuando uno vive así, termina por explotar.

El celibato en la Iglesia católica es, además, una cuestión de tradición que nada tiene que ver con la propia doctrina. Fue Pablo de Tarso - un hombre contrahecho y feo, según se definía el mismo - quien introdujo en el cristianismo un rechazo enfermizo hacia la mujer y hacia el sexo. Algún psicólogo ha concluido que probablemente Pablo era impotente, en todo caso, quiso imponer a los demás sus propias obsesiones y fantasmas. Cristo nada dijo sobre el particular. Los apóstoles - según se deduce del Nuevo Testamento - estaban casados. El propio Jesús tenía hermanos y hermanas.

Los primeros sacerdotes estaban casados y tenía hijos. Sería posteriormente cuando una minoría impondría sus odios al cuerpo femenino y su mogijatería. Así se expresaba Agustín de Hipona:

  1. "Nada rebaja tanto a la mente varonil de su altura como acariciar mujeres y esos contactos corporales que pertenecen al estado del matrimonio."
  2. "Las mujeres no deben ser iluminadas ni educadas en forma alguna. De hecho, deberían ser segregadas, ya que son causa de insidiosas e involuntarias erecciones en los santos varones."

Con el tiempo, ya no se trataba de reinvindicar para sí sus odios al placer, sino que pretendieron que todos los cristianos fueran iguales a ellos (es decir, tan enfermos como ellos): la condición natural era el celibato. Nada de masturbación. Nada de placer en la cama. El acto sexual, como deber... y deber que tenía que ser desagradable.

Siglos de educación cristiana y obsesión por todo lo que oliera a sexo condicionaría a cientos de generaciones hasta casi nuestros días. Y aún hoy pretenden imponernos sus locuras.

Y claro, incluso entre los propios curas la condición antinatural del celibato era dificil de mantener, conociéndose entonces a las "sobrinas del cura" y en muchos colegios le abuso de niños y de niñas.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues a mí el que me metió mano con doce años fue un entrenador de balonmano. No era católico sino un sinvergüenza.
Pero como no hay cientos de millones de entrenadores de balonmano en el mundo yo no puedo criticar al deporte como tú criticas a la Iglesia.
Por cierto, éste no pidió perdón, pero quiso permitir Dios que pillara un cáncer del copón.

voltaire dijo...

Fíjate que bien. Ya sabemos que dios para castigar envia cánceres... se lo podremos decir a todos los enfermos del mismo: que dios les castiga por ser malos