domingo, 12 de abril de 2009

Cristo se enfada y escribe una carta

La foto no tiene nada que ver con el texto, pero me encanta.
Os decía en el anterior post que en el libro "Todos los Evangelios" - coordinado por Antonio Piñero - aparecen dos cartas falsificadas atribuidas a Jesucristo. Una, obra de Eusebio de Cesarea, cuyas invenciones darían para varios tomos; la otra - que yo desconocía - se debe, tal vez, a un tal obispo Vicente de Ibiza, quien remitiera una supuesta carta venida del cielo, y escrita directamente por Jesús, a Liciniano, obispo de Cartagena (muerto en 602).

Si la carta de Eusebio es cachonda, esta otra es sicodélica.

Un copista se encarga de informar que durante un sueño un Pontífice de Roma - no se nos da el nombre - escucha la voz de Pedro diciéndole que Jesús le ha dejado un mensaje en el santuario.

Despertándose del susto, cosa comprensible, el Pontífice corre al templo y descubre "la inmaculada carta colgada del aire". Una multitud se congregará allí durante tres días y tres noches, esperando a que la misma descendiese. Se ve que se hacía de rogar. Por fin descendió "hacia la hora de tercia" y el Papa pudo leer la misiva divina, que decía así:

"Mirad, mirad, hijos de los hombres, que os he dado el santo domingo, pero vosotros ni lo habéis apreciado ni celebrado"

Se ve que Jesús está algo enfadadillo. Pero sigamos:

"Envíe naciones bárbaras y derramaron vuestra sangre. Hice muchas cosas terribles, pero ni aún así hicisteis penitencia, os envíe tormentas, heladas, pestes y terremotos sobre la tierra, granizadas, langostas, orugas, saltamontes y muchas otras cosas por causa del santo día del domingo, y no hicisteis en absoluto penintencia".

¡Joder con el Cristo! Corrigo: no estaba algo enfadadillo, sino muy enfadado.

"Pretendí destruir a todo hombre por causa del domingo santo, pero de nuevo me compadecí por la plegaria de mi inmaculada madre, y de los santos ángeles, apóstoles y mártires, y hasta del Precursor y Bautista.

(...) Todo hombre bautizado debe honrarlo (al domingo) y celebrarlo y frecuentar la iglesia santa de Dios".

A continuación añade que como en viernes creó a Adán y Eva y fue el mismo crucificado, ordenó que los miércoles y los viernes se abstuviesen los cristianos de comer carne, queso y aceite, quejándose de que no se haga así.

Así que Jesús en su carta, agotada su paciencia, decide lanzar el siguiente aviso:

"Juro por mi trono excelso que si no guardáis el día santo del domingo, los miércoles, los viernes y las fiestas más señaladas, tengo que enviar bestias venenosas para que devoren los pechos de las mujeres que no amamantan bebés porque no tienen leche materna y lobos salvajes raptan a vuestros hijos".
Misericordioso él.

"Y si tampoco hacéis estas cosas, no os enviaré otra carta, sino que abriré los cielos y haré llover fuego, granizo, agua hirviendo, porque el hombre no acaba de enterarse: provocaré terremotos terribles y haré llover sangre y ceniza en el mes de abril"

Ya saben: la letra, con sangre entra. Y continúa la carta con más amenazas y consideraciones de los hombres como "adúlteros, rebeldes, impíos, injustos, odiosos, traidores, integrantes, blasfemos, hipócritas, abominables, falsos profetas, ateos (...), esquivos, ambiciosos del mal, desobedientes..." un verbo muy florido el del Señor... y como gran conocedor de los adjetivos se nos presenta.

Pero la clave de toda la carta, la parte más ingeniosa, la más sicodélica, es la siguiente:

"Por mi madre inmaculada, por los querubines de los muchos ojos y por Juan el que me bautizó, que esta carta no ha sido escrita por un hombre, sino que lo ha sido enteramente por mi Padre invisible. Si se encuentra algún insensato o malintencionado que diga que esta carta no viene de Dios, herederá la maldición tanto él como su casa, lo mismo que Sodoma y Gomorra; y su alma irá al fuego exterior porque no tiene fe".

Luego dirán de la maldición de Tutankamon.
Todos los que falsificaban documentos en la época (y en los primeros tiempos del cristianismo fue ésta una práctica común), se encargaban de señalar bien claro que el suyo era un documento "verdadero" y de lanzar insultos con antelación contra quien se atreviese a dudarlo. "Juro que he dicho la verdad"... "Cuanto digo es verdad"... "Lo que ví lo consigno"... "Quien dude de mí" etc. Y muchas veces, en esos mismos documentos se señalaban otros coetáneos o anteriores a los cuales se descalificaba: "circulan por ahí falsos evengelios"... "falsos profetas os engañan"... "cartas inventadas llegan a la iglesia de..." etc.

Finalmente Jesús se queja de quienes cuchichean en la misa sin atender debidamente al sacerdote, de los monjes que no permanecen en sus monasterios o que caen en el fornicio, de los amos que no hacen fructificar sus haciendas... Finalmente ordena

"(...) que todo hombre confiese fielmente a su padre espiritual lo que ha hecho desde su juventud. Pues tal padre ha sido dado por mí y por mi santa Iglesia para atar y desatar los pecados de los hombres".

Ya saben. A confesarse ya.