lunes, 23 de marzo de 2009

¡No mentirás!

Publicado en mi columna semanal en Avuelapluma
El octavo mandamiento del catecismo católico dice “no mentirás”, y sin embargo no parece la Iglesia muy dispuesta a cumplirlo. La cosa empezó pronto: si uno acude al decálogo bíblico original (en el Éxodo y en el Deuteromonio) resulta que el octavo mandamiento es el noveno. Por el camino se olvidaron del segundo (la prohibición muy expresa de hacer imágenes religiosas… pues ¿qué sería de la Semana Santa si se cumpliese tan engorroso mandamiento?) y el último lo dividieron en dos.

Y hete aquí que en estos días estamos asistiendo a dos nuevas mentiras y de las gordas, especialmente por sus consecuencias. La primera tiene relación con una campaña contra el aborto promovida por el cardenal Rouco. La segunda, con unas declaraciones del Papa Ratzinger en África.

Habrán ustedes oído por ahí que abortar es pecado. De hecho, un asesinato. ¡Tamaña barbaridad! ¿Saben ustedes lo que es un embrión? Un conjunto de células sin sistema nervioso – y por lo tanto sin sentido del dolor - , sin cerebro, sin órganos desarrollados, sin conciencia. Nada que ver con el bebe sonrosado de la campaña. Sorprende además la ausencia en este discurso del “receptáculo” del embrión. Ellos, tan preocupados por el feto, se olvidan de la mujer que lo alberga. El embrión es vital. El cuerpo formado, con conciencia, con sistema nervioso, con órganos desarrollados… ya no lo es tanto.

¿De verdad alguien cree que cuando una mujer acude a una clínica abortista es por gusto? ¿Qué sucede si una mujer es violada y queda embarazada, con grave perjuicio para su salud mental? ¿Y si el desarrollo del embarazo pone en riesgo su vida y la del feto? ¿Y si es una niña a la que se condena a una maternidad para la que no está preparada? ¿Y si…? A diferencia de la Iglesia católica, que aplica sus preceptos morales sin importarle las consecuencias que se deriven de ellos, las sociedades modernas debemos procurar pensar antes en las posibles derivaciones de los actos que cometamos.

La mentira papal es aún más grave. De hecho, es nociva. Frente a la opinión de las autoridades sanitarias, de la ONU y de las ONGs que operan en África, ha ido a este continente azotado por el SIDA a pregonar que el uso del condón “favorece la propagación de la enfermedad”. Fíjense bien: no dice a los africanos que no tengan relaciones sexuales antes del matrimonio, que sean fieles y toda la monserga, no. Les dice una mentira, un engaño: que el uso del condón favorece el virus.

Hace poco una niña de nueve años (¡de nueve años!) violada por su padrastro en Brasil ha abortado ante el grave peligro del desarrollo del mismo. Los médicos han sido excomulgados. La madre también. El padre que la violó… no. Será porque no usó condón, prohibido por el Papa.