miércoles, 10 de diciembre de 2008

Dios existe... o eso creen (I)

Voy a comenzar un pequeño recorrido por los distintos argumentarios que los apologistas de las creencias han elaborado desde hace dos milenios. Fundamentalmente son cuatro grandes argumentos:

1. El argumento ontológico de Anselmo de Canterbuy.
2. Las cinco pruebas de Tomás de Aquino.
3. El argumento de la "experiencia" personal.
4. Y el argumento de las Escrituras.

Hay un quinto argumento, el de la pereza y/o la comodidad, con el cual cerraré esta pequeña serie de post.

Por cierto que a nadie debe sorprender que durante tantos siglos la gente creyera. Incluso que lo siga haciendo en la actualidad. No creer implica en primer lugar una cierta actitud escéptica, y sobre todo pensar por uno mismo.

El triunfo de las religiones se debe a varias causas:

- Por una parte hay un condicionamiento social y familiar. Creemos porque desde pequeños nos adoctrinan para ello. Y no para "creer" en general, sino para creer "en particular". Observen la paradoja de un hindú horrorizado por las formas externas de la religiosidad católica, o de un protestante incapaz de ver belleza en imágenes sangrientas desfilando por la calle, o la incomprensión de un católico para con la santificación de las vacas en la India o el rechazo a ese jamón tan bueno entre los judíos y musulmanes practicantes.

Es más, cada uno de estos grupos es ateo en un 99%. Considera - sin mayores pruebas - que su dios es el verdadero y el resto falso. Y pese a negar al 99% de los otros dioses, no entiende que haya ciudadanos que nieguen al suyo.

- Por otra ofrece una explicación sencilla del entorno y del mundo (generalmente falsa, por cierto). La religión, el mito, fue primer el intento del hombre por entender y dar una explicación a lo que le rodeaba.

¿Qué fue lo primero que se adora? El rayo, el sol, la luna... ¿Y con la revolución agrícola? La fertilidad...

Los romanos que presenciaron por primera vez como una montaña explotaba y lanzaba fuego dirigieron cartas a su emperador hablando de la furia de los dioses... hoy hablamos de volcanes y no vemos nada sobrenatural en los mismos.
Los esquizofrénicos que de pronto oían voces y tenían visiones se consideraban llamados por los dioses... hoy se les receta medicamentos.
Quienes caían fulminados al suelo entre espumarajos estaban poseídos o, entre los griegos y romanos, se consideraban tocados por lo divino. Hoy se les llama epilépticos, y no interviene ningún dedo divino o demonio.
Hoy la ciencia explica cada día más. Y la religión cada día menos. Por eso crece el número de ateos/agnósticos.

- Y por supuesto, como elemento central, ofrece una perspectiva de salvación: vivir eternamente... Para lo cual, por supuesto, toda religión impone una serie de normas y deberes a sus fieles. Sus dioses son, en eso, muy particulares: nos aman mucho, pero no tanto como para concedernos el don de la eternidad si no les hemos rezado lo suficiente. ¿Que quieren que les diga? Un dios que necesite de plegarias y se complazca en ellas no parece tan perfecto.

Sí, la esperanza en no morir del todo. Y claro, como nadie vuelve del más allá para corroborarlo, solo con esa ilusión se ganan muchos adeptos.

Mañana volveremos para abordar el argumento ontológico del monje Anselmo.