sábado, 18 de octubre de 2008

Yema de huevo

La Conferencia Episcopal española con su jefe de cuatreros al frente, Rouco Varela (en la foto su sobrina), nos han mostrando con cuánta pasión se aferran a la defensa de la vida. Ahora critican que gracias a la ciencia médica haya nacido un niño en el hospital de Sevilla que además va a poder salvar la vida de su - hasta hace poco - desahuciado hermano. Los obispos españoles hubieran preferido que el primero siguiera sufriendo, que el segundo no llegara a nacer y que los hijos que tuviera la madre por el método "natural" sufrieran todos ellos sin remedio. ¡Dios lo quiere así!

Hipócritas fariseos. Qué sabran ellos de vida, aferrados a sus rituales caducos, medievales (y me refiero con ello a que provienen de la edad media, ni siquiera de los primeros cristianos) y enlatados. Soledad y Andrés habían tenido un hijo que precisaba de constantes transfusiones de sangre - menos mal que no les dio por ser testigos de jehová - por un problema genético hereditario. El resultado: una vida anormal, sin posibilidad de disfrutarla, una no vida, una muerte permanente. Y la ciencia médica ha posibilitado que mediante la genética puedan engendrar otro - un embrión tratado - al que no solo se elimina la enfermedad genética, sino que incorpora una curación para el hijo enfermo. Y cual es el crimen según el apostolado inquisitorial: que previamente otros preembriones - con la enfermedad - habían sido desechados.

Con ignorantes es imposible discutir. Cómo hablar de ciencia con quienes consideran a un preembrion fecundado unas horas antes y congelado in vitro una persona, un ser humano pleno y desarrollado. El embrión es, como cualquier estudiante de ESO aplicado sabe, un organismo pluricelular fecundado en sus primeras horas.

Para la iglesia - que se basa en un libro que llamó pecado capital a comer del "árbol de la sabiduría" (la analogía dejó la cosa clara desde el principio, saber no va con ellos) - resulta que una de las propuestas de dioses de este mundo (hay otras 2.000 opciones divinas más) forma previamente el alma, que ese alma preexiste y que lo único que tiene que hacer es implantarse en un embrión. Vamos, que los seres humanos somos fruto de una especia de "posesión". Y así el embrión pluricelular - similar a una yema de huevo - ya "contiene" al ser humano, con sus gustos, sus cualidades y hasta sus experiencias.

¡Y por esas sus fantasías, resulta que el resto de la humanidad se tiene que joder! Pruebas que aportan de todo ello: ninguna, por supuesto. Faltaría más. Ellos creen, jamás piensan.

Algún amigo me ha dicho que parece que tengamos a sueldo los laicistas a Rouco. Gracias a él cada día hay más ateos. Que uno de los dioses nos lo guarde con salud por la causa atea.

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