martes, 14 de octubre de 2008

¡Salven a los niños!

Publicado en Avuelapluma, revista de difusión local en Cáceres donde tengo la columna "Con ánimo de discrepar".

"Varios jueces católicos se han apresurado a sancionar la insumisión de unos padres extremeños que no quieren que sus hijos vayan a clase de Educación para la Ciudadanía. Se ve que conocer la Constitución, la Declaración Universal de Derechos Humanos y las virtudes de la tolerancia, la libertad de conciencia y la crítica chocan con sus principios doctrinarios, con sus dogmas, con su cerrazón.
Dicen los padres integristas que el Estado no puede educar moralmente a sus hijos. ¡Cómo que no! No sólo puede hacerlo, sino que ha tardado demasiado en dar el paso. ¿Qué sucede si unos progenitores deciden educar a sus hijas en las virtudes de la ablación? Para alguna religión es una cuestión de moral. ¿Y si les educan en odiar a todos los que no profesen su confesión? La historia está llena de ejemplos. La escuela pública, y particularmente la escuela laica, es la única posibilidad de que dispondrán algunos jóvenes para escapar de la moralina de sus padres.
La escuela pública, un espacio privilegiado de socialización, permitirá al chaval conocer otras experiencias, otras creencias, otras éticas y sobre todo saber que como ciudadano tiene derechos que nadie – ni siquiera unos padres prejuiciosos – puede arrebatárselos. Dicho de otra forma: merced a la escuela pública y la enseñanza de los derechos universales los jóvenes sabrán que pueden optar.
La cosa además pinta grave. En virtud de esa insumisión se puede exigir que el escolar no vaya a clase de geología y biología pues la historia de la Tierra y la evolución de las especies que se enseña en función de la ciencia choca frontalmente con las creencias de unos pastores que hace 4.000 años consideraron que el mundo se hizo en siete días, era plano y el sol giraba alrededor del planeta. No se extrañen que algún día se exija desterrar a Darwin de la enseñanza o se prefiera incubar el germen de la ignorancia, pues en algún debate con integristas españoles he descubierto como esos católicos minoritarios atesoran con vehemencia el que consideran su mayor capital: todo lo que ignoran.
“Varios jueces católicos” he dicho al principio. Escuchando algunas declaraciones de los ejecutores de las leyes me asalta una duda: ¿Actúan como jueces o como miembros de una religión? Los jueces que, por ejemplo, se niegan a casar a una pareja gay pese a la Ley aprobada en las Cortes y que ellos están obligados a acatar, anteponen su condición de católicos a la de servidor público. Y en el caso de quienes amparan a los padres a realizar insumisión a la enseñanza oficial, ídem de ídem.
El Estado tiene el derecho y la obligación de educar moral y éticamente a sus ciudadanos. De enseñarles a pensar por sí mismos, a dudar de todo. Por eso hago este llamamiento urgente: ¡salven a los niños!... de las garras dogmáticas de algunos padres".

No hay comentarios: