martes, 14 de octubre de 2008

Léase (con precaución)

En mis tiempos de adoctrinamiento católico leíamos el catecismo y la historia sagrada. Sólo con el tiempo empecé a comprender que la resistencia a la lectura directa de la Biblia - palabra de Dios, según los curas - escondía algo raro. Y cuando finalmente leí ésta, incluso en su edición católica purgada y con las correspondientes notas explicativas que llegaban a cambiar incluso el sentido de algunos versículos, entendí que los dogmas del catolicismo tenían poco que ver con lo que se exponía en "El Libro de libros". Ni virginidad perpetua de María, ni papado de Roma, ni María Concepción, ni Trinidad, ni Jesús Dios, ni Jesús nacido desde el principio de los tiempos, ni muerte a los 33 años...

¿Pero en qué he estado creyendo entonces? Me dije.

La Iglesia Católica ha hecho todo lo posible por impedir que el gran público tuviese acceso directo a la fuente de sus doctrinas. Lo hizo durante siglos, impidiendo que se tradujera a las lenguas comunes de las gentes y autorizando su edición en griego o en latín, pese a que en ningún momento del Antiguo o Nuevo Testamento se establece que el latín sea la lengua de dios y que incluso cuando se tradujo del griego al latín por parte de Jerónimo (quien dicho sea de paso añadió sus propios párrafos en "La Vúlgata") se hizo con la intención de llegar a todo el mundo - de ahí el apelativo "vulgata", para el vulgo - pues entonces, pero solo entonces, se hablaba mayoritariamente en la lengua de Roma.

En España la iglesia permitió la primera edición en castellano en 1793, la traducida por el esculapio Felipe Scio llena de anotaciones. Tendría que ser Martín Lutero - en 1522 con el Nuevo Testamento y en 1534 con el Viejo - quien pusiese en la imprenta por primera vez desde Jerónimo una edición en lengua vernácula de la Biblia. Los protestantes españoles lo hicieron en Basilea en 1569 (la Biblia de Casiodoro de la Reina o Biblia del Oso) y en Amsterdam en 1602 con la edición corregida de la Biblia del Oso a cargo de Cipriano de Valera. Por cierto, que la edición Reina-Valera sin notas tuvo prohibida su circulación en este país hasta 1868. ¡Ja! Y luego hablan los obispos de tolerancia...

Como nota de interés diremos que los judíos españoles también tradujeron "su parte" en el siglo XIV y en la Italia de 1553.

Y aquí seguimos, en pleno siglo XXI y los católicos adoctrinan a sus huestes fundamentalmente con el catecismo. Y es que la Biblia es un libro a leer con precaución. Lo que dice, nada tiene que ver con lo que se creé.

Claro, claro, que los evangelistas sí leen mucho su Biblia y lo que es peor, pretenden aplicarla sin vaselina ni protección. Lejos de ellos la funesta manía de pensar que no todo se tiene que aplicar literalmente y ahí tienen a muchos de ellos insistiendo que la evolución es falsa, que dios nos hizo en el año 6.000 a.C. en un solo día - a todos, hombres, mujeres, animales y plantas al instante y con todos los atributos propios -, que convivimos dinosaurios y homo sapiens y que los primeros perecieron en un terrible diluvio que se llevó todo por delante. ¿Dónde fue luego el agua sobrante? ¡ah! Misterio de Dios.