lunes 16 de noviembre de 2009

Elogio de la paja


Mi última columna publicada en el semanario cacereño "Avuelapluma":

Cuenta Diógenes Laercio en su deliciosa “Vida de los filósofos ilustres” que estando Diógenes en medio del ágora de Atenas masturbándose exclamó “¡Ojalá fuera posible frotarse también el vientre para no tener hambre!” Ojalá, que duda cabe.

Carpe diem, quam minimum credula postero canta la undécima oda de Horacio. Disfruta del presente, dando el mínimo crédito al porvenir. Así debió pensar el anónimo escultor de una de las gárgolas del Palacio de la Isla, la última a la izquierda si se sitúa usted frente a la puerta, que reproduce a una mujer en pleno orgasmo, indiferente con su boca abierta, como diciendo ahhhh, a esas condenas al infierno que nos reserva el dios piadoso de la Biblia a todos aquellos que gustamos de gozar del cuerpo.

Cuando yo era pequeño aun se decía que la paja nos dejaba ciegos. ¡Cuántas cosas se han llegado a escuchar en los patios de colegio! ¿Por qué ese odio al placer, al disfrute del sexo, al descubrimiento de uno mismo? Sobre la masturbación se ha escrito mucho. La jerarquía de la Iglesia ve en la misma una práctica horrenda porque derrama el hálito de Dios, el semen, algo así como almitas en potencia. Es el crimen de Onán (Génesis 38,9) De ahí que en tiempos más gozosos para su religión extendieran el feo rumor de que el onanismo provoca enfermedades, hace salir granos, produce parálisis y demás fantasías.

No siempre fue así. En otras épocas menos pacatas y más libres en la relación con el cuerpo, el sexo se veía como algo natural, de lo que no había que avergonzarse. Léase, por ejemplo, el Ars Amatoria de Publio Ovidio Nasón. Y al poeta Lucrecio, quien nos anima a aprovechar las ventajas que ofrece el uso hedonista del cuerpo.

Volvamos otra vez a Diógenes el cínico, quien admiraba a los peces porque, más sabios que el hombre, se frotan el vientre sobre un material áspero tan pronto como sienten – dice -la necesidad de eyacular. No estoy por comprobar ahora si hay alguna base biológica en esta afirmación – sospecho que no – pero la idea del pez masturbador es altamente atractiva. Los primeros cristianos se identificaban con el pez, pero el suyo no tenía nada que ver con el pez de Diógenes. Como la noche al día.

Todo este mundo represivo, obsesionado con el pecado de la carne, incómodo cuando se habla de sexo, ha asomado otra vez su patita para criticar los cursos que con el título de “El placer está en tu mano” ha ofrecido el Consejo de la Juventud de Extremadura con financiación de la Junta. ¡Bien por ellos! Y que cunda el ejemplo. No me cabe duda de que una sociedad donde uno pueda ser feliz consigo mismo y hacer feliz a los demás, que tenga una relación normalizada y sana con su propio cuerpo será una sociedad más justa, mejor… al menos más vivible.
Nota: la foto pertenece a la gárgola onanista del Palacio de la Isla, en Cáceres. Cortesía de Valentín Dominguez (Valdomicer).

domingo 15 de noviembre de 2009

¡Que lo paguen ellos!

El Papa "de los pobres" disfruta de su volvo

50 millones de euros va a regalar a la Iglesia el Estado Español para sufragar la visita del jefe de los católicos a nuestro país en 2010. Mejor dicho, 50 millones de euros van a salir de nuestros bolsillos, de tu bolsillo, de mi bolsillo...

La "Iglesia de los pobres" parece que sale muy cara a las arcas públicas. El Papa no parece tener ningún interés por comportarse con una cierta austeridad, al menos, en estos tiempos de crisis. Tampoco es que a mí me importe mucho: uno se gasta su dinero en los vicios que quiera. El problema es que voy a ser yo el que pague una parte de los vicios de los católicos españoles. Y ahí estamos hablando ya de otra cosa.
Ya se han creado varios grupos en las redes contra dicha visita y empiezan a movilizarse la gente. Yo por mi parte se lo digo claro al gobierno: ¡NO CON MIS IMPUESTOS!

domingo 8 de noviembre de 2009

¡Que venga Torquemada!

Los jerarcas de la Iglesia Católica están que trinan a cuenta de la reciente sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que, en atención a la libertad de conciencia y de la separación Iglesias / Estado obliga al Estado Italiano a retirar de todos los colegios públicos el crucifijo que se puso allí por cuenta del Concordato firmado entre el Vaticano y Mussolini por el cual el catolicismo se convertía en religión de estado.

Dicen los obispos españoles por boca de Camino que la sentencia es "injusta y discriminatoria", que "el crucifijo es un símbolo de respeto a la dignidad de la persona (sic) desde su nacimiento hasta su muerte" y que es "iluso pensar que en el ámbito público no puedan existir símbolos".

¿Caben más gilipolleces en un mismo discurso? Resulta bochornoso que para defender sus posiciones (desde mi punto de vista totalitarias) la Iglesia tenga que recurrir a semejantes argumentos, basados casi todos ellos en la más pura de las mentiras.

Debe resultar ahora que tratar a todas las confesiones por igual es "injusto y discriminatorio". A lo mejor lo justo consiste en privilegiar el símbolo en exclusiva de los católicos y que todos los que no comulgamos con el mismo nos lo tengamos que tragar hasta en la sopa. Pero esa concepción no me sorprende: es como los comentarios del troll católico que ahora me visita en esta web y que está empeñado en que yo soy católico ¡quiera o no quiera!, así, por cojones, porque sí, porque lo dicen ellos.

Desde luego que es iluso pensar que no existan símbolos en los espacios públicos: suelen existir, por ejemplo, símbolos que identifican al Estado, como sus banderas. Pero lo que es inadmisible es que el símbolo de una confesión que no es estatal por mucho que se empeñen esté identificándonos a todos.

Pero la mayor barbaridad, la mayor mentira, la mayor ignominia es decir que el crucifijo es un símbolo de libertad o humanista o de respeto a la dignidad humana. ¿Acaso hay que olvidarse de Torquemada, de la Inquisición, de la hoguera, de las guerras de religión? Hasta hace treinta años ese crucifijo estuvo amparando y defendiendo un régimen genocida y asesino en España. Lo mismo hizo en Chile con Pinochet. Y en Honduras apoyan un golpe de estado. La historia demuestra una y otra vez como en nombre de ese símbolo se ha asesinado contínuamente. Pero claro, la propia Iglesia, fruto de una mentira mantenida en el tiempo, no va a andarse por las ramas a la hora de mantener un mínimo de rigor histórico.

Pero además ¿en qué momento hemos votado que el crucifijo es un símbolo humanista más allá de sus connotaciones religiosas? ¿Cuándo lo hemos decidido? ¿Acaso ellos deben elegir por nosotros qué ha de representarnos?

En fin. Menos mal que Estrasburgo empieza a poner las cosas en su sitio.

martes 3 de noviembre de 2009

Ágora

Mi último artículo publicado en Avuelapluma:

Hace unos días estuve viendo la nueva película de Alejandro Amenábar, Ágora, que trata sobre la vida y muerte de Hypatia de Alejandría, una filósofa, astrónoma y matemática del siglo IV cuyo trágico final - fue asesinada por un grupo de parabolanos cristianos – simbolizaría (al decir de los ilustrados del siglo XVIII) la entrada en una nueva época de fanatismo religioso, de crímenes contra el saber e intolerancia, de tránsito, en fin, a la edad media.

A mi la película me entusiasmó. Como toda película tiene sus incondicionales y sus detractores, pero, tratándose en esta ocasión de un film crítico con el mundo intolerante de las religiones las críticas están alcanzando un nivel desproporcionado: hay grupos a los que no les gusta que les afeen su pasado, que prefieren esa historia edulcorada por Hollywood de protohippies en el siglo IV repartiendo amor y libertando esclavos (véase, por ejemplo, Quo Vadis). Nada más lejos de la realidad. La esclavitud siguió coexistiendo con el cristianismo durante siglos y los muy católicos reinos de Portugal y España traficaron con esclavos durante buena parte de la modernidad.

Desde luego que Ágora contiene errores e imprecisiones históricas, pero quien quiera conocer algo de historia, que lea un libro. Yo cuando voy al cine, pretendo disfrutar, no recibir una lección magistral. En todo caso, si la película de Amenábar nos puede permitir reflexionar sobre las distintas formas de intolerancia y las luchas de poder que entonces – siglo IV- y hoy se siguen dando, bienvenida sea. Buen cine, con argumentos, frente a un panorama dominado por grandes superproducciones donde abundan las tramas infantiloides, planas e intrascendentes.

Y fascinante también el tránsito de la antigüedad a la edad media. Los sabios helenísticos habían escudriñado los cielos para comprender mejor el universo, algunos incluso defendían el heliocentrismo, midieron el tamaño de la tierra, demostraban la esferidad de ésta, perfeccionaban las matemáticas y empezaban a construir ingenios tecnológicos. Pero todos los pergaminos que contenían estas mismas teorías serían barridos posteriormente, desapareciendo en destrucciones directas o por olvido.

Hypatia no fue la única mujer brillante, o de la que tengamos memoria, en esos siglos. Aquí hay que citar a Safo de Lesbos, Aspasia de Mileto, Sosípatra o Asclepigenia de Atenas. Pero lo cierto es que Hypatia no quiso someterse al obispo Cirilo y éste terminó por orquestar su muerte. Fue arrastrada desnuda por las calles de Alejandría una noche, para morir, desgarrada por conchas afiladas o tejas en manos de los parabolanos en la iglesia de Cesarion. La larga noche del cristianismo había comenzado. La Biblioteca sería destruida. Las Escuelas Filosóficas cerradas. Los científicos callados o asesinados. Los templos paganos derribados por orden de Teodosio. El saber de la antigüedad condenado. Hoy apenas conservamos un 10% de todo lo que se produjo entonces.

sábado 31 de octubre de 2009

Apología de la blasfemia

¿Dios es moral? Buena pregunta. La formula Jean Paul Goteux en su nuevo libro "Apología de la blasfemia", una obra que critica abierta y duramente la religión, cualquier religión, pero especialmente las tres grandes religiones monoteístas.

Basta ya de ofender nuestra inteligencia y nuestra dignidad imponiéndonos la orden explícita o implícita (según las épocas) de creer en un dios de bondad y amor, cuando vemos con persistente tristeza el alcance de su misantropía.

No hay concesiones en el libro. Un paseo por los Libros Sagrados que dicen ser la palabra de ese dios basta para comprobar con cuánta crueldad se ha manejado en el mundo... y las jerarquías que sustentan a esa invención.

Y todo ello porque como escribiera Albert Camus:

Desde el instante en que el hombre somete a Dios al juicio moral, lo mata en sí mismo.

martes 27 de octubre de 2009

¿Y si empezamos a caminar hacia un Estado Poscristiano?

Durante la celebración del I Encuentro Laicista en Extremadura, organizado por Cáceres y Europa Laica este pasado fin de semana en el Ateneo - ofrecí la conferencia "¿Hay alternativas a los valores judeocristianos?" Aunque este artículo no es exactamente la conferencia - que pronto estará disponible en Youtube - lo cierto es que puede servir como un buen resumen de las líneas maestras de lo que defendí esa mañana en el marco del Encuentro.
Pronto seguiremos añadiendo más reflexiones sobre las otras conferencias en este blog.

Nos decimos laicistas, reclamamos una sociedad laicista para – a continuación – conformarnos con la separación Iglesias / Estado, la neutralidad de las instituciones en materia religiosa y la estricta igualdad entre las distintas ficciones religiosas que han creado los hombres para afrontar lo trágico de la realidad, esto es, la muerte, para decirlo más claramente.

Sociedad laicista. Conforme. Al menos más que hace medio siglo. Incluso – por qué no ser optimistas –atreverse a vislumbrar una sociedad en un futuro más o menos lejano, que si bien no es atea, al menos es mayoritariamente agnóstica, confesional moderada (valga el oxímoron) o relativamente indiferente a los dogmas que dan sentido a las dos grandes religiones monoteístas de nuestros días: el Islam y el Cristianismo.

Pero – y he aquí un problema – existe un laicismo e incluso un ateísmo cristiano. Sí, un ateísmo cristiano capaz de negar a los dioses o ser indiferente a ellos y que sin embargo defiende el sistema de valores y virtudes de la episteme judeocristiana: el valor de la familia - tradicional, obviamente, heterosexual y convenientemente casada -, el valor de la monogamia, la austeridad en las costumbres, el servicio a la patria, la caridad, la pertenencia a una especie (la humana, claro) como fuente de todo derecho… Podríamos seguir.

Es preciso, por lo tanto, reinventar una nueva ética y sistemas de valores poscristianos, inmanentes, para el aquí y ahora, sin confiarlos a ninguna autoridad divina ni humana. Una apuesta fuerte, sin duda. Veamos los combates – gramscianos – que se precisan afrontar:

Primer combate: la historia

¿Qué libro de secundaria se atreve a plantear la siguiente obviedad historiográfica? Que las fuentes existentes no nos permiten afirmar con rotundidad que Jesús existiera o no existiera en el siglo I, al menos, que existiera tal y como es relatada su vida en los Evangelios canónicos.

Menos aún encontraremos un libro de enseñanza que se atreva a mencionar la siguiente apuesta: que Jesús es un personaje inventado. Y sin embargo, en el mundo académico, esto se discute y muchos lo defienden. Pero “esto” nunca sale del debate cerrado universitario o entre una minoría ilustrada. No es, pues, un problema para las religiones.

La enseñanza que se imparte en nuestros centros falsea la realidad pasada: Nos dice (y no sólo en los libros de textos de religión) que Jesucristo vivió y murió realmente, que una entidad omnisciente y omnipotente ha intervenido en la historia y que la Biblia es la expresión de su palabra. “Las Sagradas Escrituras han sido escritas bajo inspiración del Espíritu Santo” leemos en la Biblia de Nacar-Colunga.

Para un historiador la “fuente” no es cualquier cosa. Todo su castillo argumental se levanta sobre fuentes. Todo se discute si las fuentes son inciertas: la existencia de Pitágoras, de Homero, de Shakespeare, las crónicas de la Ilíada… Pero cuando llegamos al mundo de las religiones estamos dispuestos a suspender ese mismo juicio crítico: no nos compliquemos la vida, dejémoslo pasar, hay que respetar las creencias de los demás aunque se basen en mentiras… Los recursos de disculpa son abundantes.

La Biblia – digámoslo ya – fue rehecha a lo largo de siglos, respondiendo a distintas y contrapuestas tradiciones. Muchos de sus mitos, como el Diluvio, copiados de otras culturas. Entre sus textos abundan las contradicciones y los errores. Se inventan hechos o lo falsean.

El propio texto ya es en sí un problema: antes del siglo IV no tenemos copias – no digamos originales - de los llamados Evangelios canónicos. Y los canónicos convivieron muchos siglos junto a los apócrifos, aquellas otras obras que planteaban variaciones sustanciales sobre la misma historia. Ninguno de los evangelios fue escrito directamente por autores que vivieran junto a Jesús. Todos son posteriores. Las cartas de Pablo son las más antiguas… personaje que tampoco conoció a Jesús y que apenas transmite noticias sobre su vida.

Nuestro actual Nuevo Testamento es constantiniano. Hay que esperar al emperador Constantino I, llamado por la Iglesia “El Grande” y por sí mismo “el decimotercero apostol” para que una Iglesia en el poder afronte la tarea de reunir los evangelios, purgarlos (la expresión es adecuada), corregirlos, armonizarlos y destruir todos aquellos otros textos que contradijesen la, desde ese momento, Verdad Absoluta. El Espíritu Santo, dicen.

En todo caso los Evangelios nunca debería ser tomados como libros que buscasen algún tipo de verdad histórica. Su función era la de propagar una fe, en abierta competencia con otras confesiones parecidas: los llamados cultos mistéricos, con sus dioses que nacieron de una virgen, murieron al tercer día y resucitaron: Orfeo, Cibeles, Osiris, Mitra. Algunos de estos cultos eran contemporáneos al cristiano, otros, mucho más antiguos. Del “Sol invictus” que el paganismo celebraba todos los 25 de diciembre los cristianos copiaron la navidad. De Mitra, sus ritos eucarísticos, como la misa mitraica. Las viejas procesiones de héroes grecolatinos se convirtieron en procesiones de santos, cuyos huesos martirizados milagrosamente se encontraban.

¡Ah! El santoral. Qué prodigios no se habrán llevado a cabo: santos martirizados con torturas que no existían en tiempos de los romanos. Niños devorados milagrosamente resucitados. Aquel santo al nacer ya bendecía con la mano derecha, revelando su futura condición de obispo, esa otra, al comulgar, descubría en su lengua el prepucio de Jesucristo. La cristiandad, ciertamente, puede presumir de milagros. Lástima que en estos tiempos nuestros donde todo deja huella éstos escaseen o sean más comedidos en la suspensión de las leyes de la naturaleza.

Y ésta es la historia que se pretende enseñar o ante la cual los historiadores hemos de suspender el juicio crítico para no ofender.

Segundo combate: contra las visiones verticales

Las Iglesias reclaman al Estado un espacio para que sus éticas puedan ser discutidas y asumidas por la sociedad. Reclaman intervenir, apelan a que una sociedad mayoritariamente religiosa se gobierne por principios religiosos. Incluso, lo hemos visto aquí en temas como el aborto o la homosexualidad, las Iglesias reclaman que lo que ellas consideran “pecado” el Estado lo legisle como “delito”.

La palabra mágica es “ley natural”. El matrimonio heterosexual es lo natural. Tener hijos es lo natural. En el otro campo, los anticonceptivos, la homosexualidad, el aborto, la eutanasia es antinatural.

Hay dos defectos de origen por los cuales el Estado no puede asumir ninguna moral religiosa para imponerla como ética colectiva: el primero, que lo que nosotros llamamos “leyes naturales” son a menudo productos culturales, comportamientos adquiridos en sociedad, sin código cifrado en el ADN. El segundo defecto, el más importante, que toda religión asume que hay una ética que procede de algún dios y que es obligación de la sociedad asumir ese mandato. Contra esa visión vertical del mundo hay que luchar.

En palabras de Bernat Ribot “la principal particularidad de una moral religiosa es que sitúa la voluntad de sus dioses por encima de la felicidad humana”. Y eso es inaceptable. Para una persona religiosa sus actos son buenos o malos con independencia de las consecuencias – negativas o positivas – que se deriven del mismo: es preferible morir indignamente, sufrir aunque se pida expresamente lo contrario, antes que incumplir el mandato que una pretendida divinidad hace miles de años impuso a un pueblo de pastores semíticos. Mejor dicho: es preferible que los otros sufran, pues el religioso no se conforma con practicar él lo que predica, prefiere que también lo practiquemos los demás. Valga el ejemplo también para el aborto, con una curiosa particularidad: el derecho a la vida pertenece a un feto sin sistema nervioso y sin conciencia, nunca a la propia mujer, ese ser sufriente.

Tercer combate: hacia otras éticas

Étienne de la Botie escribía en su “Discurso sobre la servidumbre voluntaria” que “no se necesita pulverizar el ídolo, será suficiente no querer adorarlo”. Traduzcámoslo al lenguaje de nuestro siglo: el combate no reside únicamente en hacer más invisibles las religiones, en hacer más laico el Estado. El nuestro es un combate en el campo de las ideas, gramsciano, de búsqueda de nuevos valores y éticas que puedan llegar a ser hegemónicos.

He aquí los principios necesarios que nos permitan construir esa nueva ética laica poscristiana:

En primer lugar, precisamos de una ética inmanente, que no busca la felicidad en mundos del más allá, sino en el nuestro, aquí y ahora.
Esa ética solo será posible desde un Estado laico y desde una escuela pública donde sólo pueda resultar aceptable como enseñanza lo verificable.
Una nueva ética que se base en la siguiente tríada: humanidad / materia / razón.
Que consagre el derecho inalienable a no sufrir.
Que se base en la libertad de conciencia.
Que atienda a la alteridad. Amar al prójimo es fácil – al que está a nuestro lado, al que piensa igual que nosotros – Respetar “al otro”, eso ya no lo es tanto.

Por resumirlo en expresión de Bertrand Russell: “Un código es bueno o malo según fomente o no la felicidad humana”.

miércoles 30 de septiembre de 2009

JUEVES ESCÉPTICOS EN EL ATENEO

Vuelven los jueves escépticos al Ateneo. En esta ocasión vamos a abordar el problema de la educación y el adoctrinamiento.

Para ello vamos a proyectar los siguientes documentales:

Jueves 1 de octubre a las 20:30h

- ¿Crisis en la educación? (Roger Schank y otros)
- ¿Las escuelas matan la creatividad? (Ken Robinson)

Jueves 15 de octubre a las 20:30h

La última cruzada ¿Quién teme a la Educación para la Ciudadanía?

Nos vemos allí. El Ateneo está en la calle San Peterburgo S/N. Al finalizar los documentales, estableceremos un coloquio.